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| activities | Dios protegiendo el ministerio en el velo de carne | 2025-07-10 | 1 | Dr. José Benjamín Pérez Matos | Cayey | PY | b8ac418b-2c57-4b63-b59c-74694d0c41eb | true | https://youtu.be/9Fx3Fp-3hHQ | 2025-07-18T22:57:50.000Z |
Muy buenas tardes a todos los presentes. Expreso mis más sinceras condolencias por la partida de nuestra hermana Herminia Alvarado Arroyo (mejor conocida como Minita), la cual terminó sus días en este planeta Tierra, y está en la sexta dimensión disfrutando de las bendiciones que Dios tiene preparadas para todos Sus hijos.
Ella… (madre de mi esposa Sara Meléndez) ella y Elmer (el cual ya partió) tuvieron a estos hijos (fueron nueve hijos): Peter Meléndez Alvarado, Betty Meléndez, Jorge Luis Meléndez, Helen Meléndez, Ivette Meléndez, Wanda Meléndez, Sara Meléndez, William Moisés Meléndez y Elmer Elías Meléndez Alvarado; esta hermosa familia, la cual Dios le dio a esta hermosa pareja, la cual están ya en la sexta dimensión. Y a todos ellos y a sus demás familiares, hermanos y hermanas, reciban mis más sinceras condolencias; y también de La Gran Carpa Catedral Corp. y su congregación, la congregación que se reúne ahí.
Nos dice en Job, en el capítulo 14… Porque toda persona se hace una pregunta: “Después que el hombre muere, ¿a dónde va? ¿Cuál es el lugar donde va la persona que termina sus días en esta Tierra?”. Y Job se hacía esa pregunta. Y vean, Dios mismo a través de él le da esa revelación a Job.
En el capítulo 14 de Job, verso 14, dice:
Job 14:14
14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?
Todos los días de mi edad esperaré,
Hasta que venga mi liberación.
15 Entonces llamarás, y yo te responderé;
[JBP] Él sabía que habría una resurrección para nunca más separarse de los seres queridos; o sea que Job tenía el conocimiento de la primera resurrección.
[Dr. José B. Pérez] Y también en el capítulo 19, verso 25, dice:
Job 19:25
25 Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;
26 Y después de deshecha esta mi piel,
En mi carne he de ver a Dios;
27 Al cual veré por mí mismo,
Y mis ojos lo verán, y no otro,
Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
[JBP] O sea que aunque fuera ya polvo…; o sea, por el tiempo, y ya lo que queda es una cucharadita de esa persona; iba, esa persona, a ver el rostro del Señor.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, en la vida del profeta mensajero de la séptima edad de la Iglesia, el reverendo William Branham, él pasó por unos momentos muy difíciles en su vida, comenzando su ministerio; y fue la pérdida de su esposa Hope y su hija Sharon.
Ahora miren lo que nos relata el hermano Branham de ese momento tan difícil de su vida. Él estaba pasando por un lugar donde había una actividad pentecostal, un movimiento pentecostal allí; y él entró… Aquí en este libro de “LA HISTORIA DE MI VIDA”… en una ocasión creo que leímos estas páginas; pero miren, una enseñanza tan grande que hay aquí. En la página 29, vamos a leer desde el párrafo 165; miren, dice:
[59-0419A “La historia de mi vida”, párrs. 165-299] [Estudio Bíblico #347, 2023/oct/01-2 (domingo), págs. 11-54 (f), págs. 25-68 (T1)]
[Estudio Bíblico #347, 2023/oct/01-2 (domingo), págs. 11-54 (f), págs. 25-68 (T1) (PÁRRS. 165-299)]
165 Y a la mañana siguiente llegué allí. Y nos invitaron a desayunar. Por supuesto, yo no iba a comer con ellos, porque no tenía nada que poner en la ofrenda. Y me regresé. Y a la mañana siguiente, cuando fui (ya había comido de mis panes), y me senté. Y ellos estaban hablando por un micrófono. Y yo nunca había visto un micrófono ([JBP] o sea, era… en los próximos días había esta - continuaba esa actividad; era una… una campaña que tenían ahí), y le tenía miedo a esa cosa ([JBP] o sea, al micrófono). Así que ellos… Y tenían un cordón del cual colgaba, y así colgaba ([JBP] eso… antes usaban esos micrófonos con el cable colgando, el micrófono ahí en el aire). Era como uno de esos micrófonos colgantes. Y él dijo: “Anoche, aquí en la plataforma, estaba un predicador joven, un bautista” ([JBP] o sea, se refería al hermano Branham).
Y yo pensé: “Oh, oh, ahorita me van a dar una buena sacudida”.
166 Y él dijo: “Él era el predicador más joven en la plataforma. Su nombre era Branham. ¿Alguien sabe dónde está él? Díganle que venga, queremos que él traiga el mensaje de la mañana”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
167 ¡Oh, Señor! Yo traía puesta una camiseta y unos pantalones rayados, ustedes saben. Y nosotros los bautistas creíamos que teníamos que traer puesto un traje para subir al púlpito, ustedes saben. Así que… Y yo—yo me quedé muy quieto ([JBP] o sea, se quedó quietecito). Y durante ese tiempo… Ellos la tuvieron en el norte entonces (su convención internacional), debido a que la gente de color no hubiera podido asistir si hubiera sido en el sur. Y ellos tenían ahí a la gente de color ([JBP] o sea, eso fue en el norte, por eso había gente de color ahí), y yo era un sureño, todavía tenía almidón en el cuello de mi camisa, ¿ven ustedes?, y pensaba que yo era un poco mejor que alguien más. Y sucedió que esa mañana, sentado enseguida de mí estaba un hombre de color. Así que lo miré a él y pensé: “Bueno, él es un hermano”.
168 Y aquel preguntó ([JBP] o sea, el que estaba… el orador allí): “¿Alguien sabe dónde está William Branham?”. Yo me bajé en el asiento de esta manera ([JBP] o sea, se escurrió hacia abajo). Así que él dijo, lo anunció por segunda vez, dijo: “Alguien que esté afuera (él jaló el micrófono hacia él) ([JBP] o sea, cogió el micrófono y lo colocó hacia él, hacia él mismo, hacia el orador), ¿sabe en dónde está William Branham? Díganle que lo queremos en la plataforma para que traiga el mensaje de la mañana. Él es un predicador bautista del sur de Indiana”.
169 Yo me quedé muy quieto y me agaché, ustedes saben. Nadie me conocía, de todas maneras. Y ese muchacho de color se volteó hacia mí y me preguntó: “¿Sabes en dónde está?”.
170 Y pensé. Yo, o tenía que mentir o hacer algo. Así que dije: “Agáchate aquí” ([JBP] él se agachó también).
Él dijo: “¿Sí, señor?”.
Dije: “Quiero decirte algo”. Dije: “Yo soy él”.
Él dijo: “Pues, vaya allá arriba”.
171 Y yo le dije: “No-no-no, no puedo. ¿Ves?”. Dije: “Vengo con estos pantalones baratos y esta camiseta”. Dije: “No podría subir allá”.
172 Él dijo: “A esa gente no le importa cómo esté usted vestido, vaya allá arriba”.
[JBP] Vean, al escogido de Dios, al creyente en el Señor, no le interesa la forma en que el velo de carne está vestido, el velo de carne en donde el Espíritu de Dios está obrando.
Y vean, allí a ellos no les importaba la forma en que estaba vestido el hermano Branham. O sea, a través de ese ministro, la forma en que le contestó, así era la forma de pensar de todos los que estaban allí.
[172] Yo le dije: “No, no”. Dije: “Cálmate, no digas nada”.
173 Y al momento, él regresó al micrófono otra vez y dijo ([JBP] o sea, la persona que estaba allí en el podium, por allí cerca): “¿Alguien sabe dónde está William Branham?”.
174 Y este dijo ([JBP] o sea, el hombre de color dijo): “¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está!”. ¡Oh, hermano! Y me levanté con esa camiseta puesta, ustedes saben. Y yo…
175 Él dijo: “Suba aquí, señor Branham, queremos que nos traiga el mensaje”. ¡Oh, hermano, delante de todos esos predicadores, jum, toda esa gente! Y yo iba cohibido, ustedes saben. Mi cara estaba roja y mis orejas ardiendo.
[JBP] Como cuando uno va a pasar así a… frente de un grupo, y… Así me pasaba a mí cuando yo iba a dar en la escuela los book report; o era… Cuando uno da esos trabajos, proyectos, que son tareas que dan los maestros, y había que dar al frente, ¡uish!, eso a mí me daba tanto… tanta pena; ¡oh!, y me ponía rojo y las orejas se me ponían bien rojas.
Y esa era una de las cosas que yo le decía al hermano William: “Yo hago de todo pero no me pongas a hablar; porque no me gusta, me pongo nervioso”.
Ahora, vean cómo el hermano Branham allí sentía eso también. Dice:
[175] Y subí ahí cohibido, con mis pantalones rayados y mi camiseta, un predicador, un predicador bautista subiendo al micrófono, nunca antes había visto uno, ¿ven ustedes?
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
176 Y me paré ahí, y dije: “Bueno, yo no sé de esto”. Y movía mis manos nerviosamente, ustedes saben. Y llegué a Lucas 16, y pensé: “Bueno, ahora…”. Y entré en el tema: “Y él levantó sus ojos en el infierno, y lloró”.
[JBP] Eso es la Escritura del joven rico, el cual estuvo en el infierno; o sea, fue al infierno [San Lucas 16:19-31]. Eso está en el capítulo 16, verso 19 en adelante, ahí esa parte donde él dice… En el verso… ya desde el verso 23 es que habla de esto que está hablando el hermano Branham aquí. Dice:
[176] Y llegué a Lucas 16, y pensé: “Bueno, ahora…”. Y entré en el tema: “Y él levantó sus ojos en el infierno, y lloró”. Y yo… Así que yo empecé a predicar, ustedes saben, y ya estando predicando me sentí un poco mejor. Y dije: “El hombre rico estaba en el infierno, y lloró”. Esas tres palabritas, al igual que muchos de los sermones que yo tengo, como: “¿Crees Tú Esto?”, y “Habla a la Peña”, ustedes me han oído predicarlos. Y yo decía: “Y entonces él lloró”. Y dije: “Allí no hay niños, seguramente que no los hay en el infierno. Entonces él lloró”. Y yo dije: “Allí no hay flores. Entonces él lloró. Allí no hay Dios. Entonces él lloró. Allí no hay Cristo. Entonces él lloró”. Y luego yo lloré. Algo se apoderó de mí.
[JBP] Ahí todo eso lo subraya él mucho: “Algo se apoderó de mí”.
Porque en ese lugar —el infierno—, es un lugar donde no está Dios*. No está ese sentimiento de que cuando usted pide algo, clama algo, usted sabe…, cómo un abismo clama y otro abismo responde; eso, de ese sentir de que alguien lo escucha, no lo hay allí; ese sentir de que usted no está solo, no lo hay ahí; porque allí la persona se siente ¡en una soledad tan grande!, ¡que es algo tan terrible!; lo cual, aquí en este relato nos está mostrando el hermano Branham cómo es ese lugar.
*• [63-1110M “Almas encarceladas hoy”, párrs. 79-86 / Compilación de extractos “La introducción de la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia”, págs. 270-271] • [Estudio “El Estrado de Juicio”, 2023/oct/31 (martes), págs. 37-40 (f), págs. 291-294 (T5): 65-1205 “Cosas que han de ser”, párrs. 130-132]
[176] ¡Oh, hermano, hermana! Después, yo no supe qué sucedió. Cuando más o menos volví a mis cabales, yo ya estaba parado afuera ([JBP] ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda). Esa gente empezó a gritar y a clamar, y a llorar, y yo, oh, nos gozamos enormemente.
177 Estando ya afuera, se me acercó un individuo que traía puesto un gran sombrero tejano, y botas grandes, se acercó y me dijo: “Yo soy el anciano Fulano de Tal”. Un predicador, usando botas, y ropa vaquera.
Yo pensé: “Bueno, entonces mis pantalones rayados no están tan mal”.
178 Dijo: “Quiero que vaya usted a Texas y tenga un avivamiento con nosotros”.
[JBP] Lo invitó a Texas.
179 “Jum, déjeme anotar eso, señor”. Y lo anoté.
180 Y vino otro vestido con esa clase de pantalones que usaban para jugar golf, ustedes saben, esos pantalones bombachos. Y me dijo: “Yo soy el anciano Fulano de Tal de Miami. Me gustaría que…”.
181 Y yo pensé: “Tal vez el vestir no es tan importante”. Lo examiné y pensé: “Muy bien”.
[JBP] Ahí dibuja otra Estrella de David a la izquierda.
182 Así que eché mano de estas cosas y me regresé a casa ([JBP] o sea, lo invitaron a Miami también). Mi esposa me encontró y me dijo: “¿Por qué estás tan contento, Billy?” ([JBP] o sea, Hope).
183 Le contesté: “Oh, es que conocí la crema y nata ([JBP] “la crema y nata”. Crema… “Eso es crema y nata”, el dicho). Es lo mejor que hayas visto. Esa gente no tiene vergüenza de su religión”. Y oh, le conté todo al respecto. Y le dije: “Y mira esto cariño, una serie de invitaciones. ¡Esa gente!”.
Y ella dijo: “Ellos son… no son ‘aleluyas’, ¿verdad?”.
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
184 Y yo le contesté: “Yo no sé qué clase de aleluyas son, pero tienen algo que yo necesito”. ¿Ven? Y dije: “De eso—de eso estoy seguro”. Y le dije: “Yo vi a un anciano de noventa años de edad, que se hizo joven otra vez”. Dije: “Yo nunca había escuchado una predicación como esa en mi vida. Pues, yo nunca recuerdo haber escuchado a un bautista predicar así”. Le dije: “Ellos predican hasta que se les va el aliento, y doblan sus rodillas hasta el suelo, se levantan, y recobran su aliento. Tú los puedes escuchar a dos cuadras de lejos, cuando están predicando”. Y yo dije: “Yo nunca he escuchado tal cosa en mi vida. Y ellos hablan en lenguas desconocidas, y otro dice lo que están hablando. ¡Nunca escuché tal cosa en mi vida!”. Y le pregunté: “¿Irías conmigo?”.
185 Y ella me dijo: “Amor, cuando yo me casé contigo, dije que yo estaría a tu lado hasta que la muerte nos separe”. Ella dijo: “Yo iré”. Y dijo: “Ahora, le diremos a la familia”.
[JBP] Recuerden que eran jóvenes los dos, jovencitos.
186 Y yo dije: “Bueno, tú dile a tu mamá, y yo le diré a mi mamá”. Así que… Fui y le dije a mi mamá.
187 Mi madre me dijo: “Seguro, Billy. Lo que el Señor te ha llamado a hacer, ve y hazlo”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la derecha; y a la izquierda una Piedra Angular y las edades, y una flecha hacia la séptima edad.
188 Y la señora Brumbach me mandó llamar ([JBP] esa es - esa fue la madre de Esperanza, de Hope). Y fui ([JBP] o sea, ella - él no tuvo problema con decírselo a su mamá, su mamá le contestó eso; pero ahora va a la suegra, o sea, va a la casa de la mamá de Esperanza, de Hope). Ella dijo: “¿Qué es esto de lo que tú estás hablando?”.
189 Y yo dije: “Oh, señora Brumbach (dije), pero es que ustedes nunca han visto gente como esta”.
Y ella dijo: “¡Cálmate! ¡Cálmate!”.
Dije: “Sí, señora (dije), lo siento”.
Y ella me dijo: “¿Sabes que son un montón de aleluyas?”.
190 Yo dije: “No, señora, yo no sabía eso”. Dije: “Ellos—ellos son gente muy fina”.
191 Ella dijo: “¡El solo pensarlo! ¿Crees tú que vas a arrastrar a mi hija entre una cosa como esa?”. Dijo: “¡Qué ridículo! Eso no es nada más que basura que las otras iglesias han echado afuera”. Ella dijo: “¡Verdaderamente! Tú no vas a llevar a mi hija de esa manera”.
192 Yo le dije: “Pero usted sabe, señora Brumbach, en mi corazón yo siento que el Señor quiere que yo vaya con esa gente”.
193 Ella contestó: “Tú regresa a tu iglesia hasta que ellos te puedan comprar una casa pastoral, y pórtate como un hombre que tiene algo de sentido”. Dijo: “Tú no te vas a llevar a mi hija entre aquello”.
Yo dije: “Sí, señora”. Y di la media vuelta y me salí.
194 Y Hope empezó a llorar. Ella salió y me dijo: “Billy, no importa lo que diga mi mamá, yo me mantendré contigo”. ¡Dios la bendiga! ([JBP] Dice el hermano Branham, refiriéndose a Hope).
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
[194] Y yo le dije: “Oh, está bien cariño”.
195 Y dejé todo eso pasar.
[JBP] Y subraya “eso”, y lo circula.
[JBP] Vean ustedes algo ahí: él dejó pasar eso; o sea, no hizo lo que tenía que hacer: no corrigió eso ahí al momento.
Por eso muchas veces vemos, quizás, situaciones que surgen; y cuando buscamos hacia atrás, vemos que si hubiésemos resuelto algo, entonces eso que estamos pasando en el momento no estuviera pasando.
Ahora, sigue diciendo:
[195] Ella no iba a permitir que su hija fuera con gente como esa porque “no eran nada más que basura” ([JBP] ¿ve?, ella le llamó así a esas personas de ese movimiento que había, el cual había invitado al hermano Branham para tener esa serie de actividades; le llamó “basura”). Y así que me disimulé y lo dejé pasar. Ese fue el peor error que he cometido en mi vida, uno de los peores.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
196 Y un poquito después, unos pocos años después, los hijos vinieron ([JBP] o sea, unos poquitos años después, llegó ahí Billy Paul y Sharon). Y un día estábamos… Vino una inundación, en 1937 ([JBP] ya ahí estaba el hermano Branham con Esperanza, con Hope; tenían a Billy Paul y a Sharon Rose). Vino una inundación. Y nuestro… Yo era patrullero en ese tiempo, y estaba tratando de rescatar a la gente de la inundación lo mejor que podía, pues las casas se estaban despedazando. Y mi esposa se enfermó, y se puso muy, muy enferma de pulmonía ([JBP] y dibuja una Estrella de David a la izquierda). Y la habían sacado… El hospital normal estaba tan lleno que no podía ponerla allí, así que tuvimos que llevarla a la central del gobierno en donde ellos tenían un cuarto. Y entonces, me llamaron otra vez. Y yo siempre había vivido en el río, era un buen barquero, así que yo estaba tratando de rescatar a la gente de la inundación. Y entonces…
197 Me llamaron, diciéndome: “Hay una casa en la calle Chestnut, está a punto de ser arrasada. Allí hay una madre y un montón de niños (dijo), ve si crees que tu lancha de motor puede llegar hasta donde están”. Dije: “Bien, haré todo lo que pueda”.
198 Y yo iba veloz por esas aguas. La represa se había reventado, y oh, hermano, las aguas estaban arrasando la ciudad. Y yo le di todo lo que pude, y finalmente cruzando callejones y otros lugares ([JBP] o sea, eso es en el barco, en el barquito). Y llegué allí cerca de la represa, por donde el agua se estaba saliendo. Y oí a alguien gritar…
[JBP] O sea, estaba cerca del acantilado ahí; estaba cerquita ahí, ese lugar donde lo mandaron a ir a rescatar a esa madre y esos niños.
[198] Y oí a alguien gritar, y vi a una madre parada en el porche ([JBP] o sea, en el balcón). Y allí estaban pasando esas enormes olas. Bien, yo me fui por este lado tan lejos como pude, y di con la corriente y regresé y me hice hacia aquel otro lado. Paré la lancha a tiempo para atarla en la columna, en el poste de la puerta, el poste, el poste del porche. Y corrí hacia adentro y agarré a la madre y a dos o tres de sus hijos y los subí a la lancha. Y desaté mi lancha y la llevé a ella… Regresé y la llevé a la orilla, y recorrí como milla y media [Como 2400 metros. –Trad.], a través de la ciudad, hasta que la dejé en la orilla. Y entonces, cuando llegamos a la orilla, ella se había desmayado. Y ella empezó… estaba gritando: “¡Mi niño! ¡Mi niño!”.
199 Pues yo pensé que ella quería decir que había dejado a su niño en la casa. ¡Oh, hermano! Y me devolví mientras ellos trataban de cuidar de ella. Y después me di cuenta lo que… o ella quería saber dónde estaba su niño ahí mismo. ([JBP] O sea, ella dijo: “¡Mi niño, mi niño!”; y el niño, él también lo había rescatado, y estaba ahí cerca; era que estaba preguntando dónde estaba). Había un niñito como de tres años de edad, y yo pensé que ella se refería a un bebé recién nacido o algo así.
200 Así que me devolví y llegué allá ([JBP] o sea, él pensó que era que había otro: un niño, allá, en donde estuvo para rescatar a esa madre; y él regresó otra vez para allí). Y me bajé de la lancha, y cuando entré a la casa no pude encontrar a ningún niño. Y en eso el porche se desprendió y la casa fue arrasada ([JBP] ¡sss!, o sea, vean…). Y yo corrí rápidamente y agarré el pedazo al que estaba atada mi lancha, y me subí en ella…
[JBP] O sea, cogió el canto de palo que se había desprendido ahí del balcón, donde estaba agarrada la lancha; logró agarrarlo…, y dice:
[200]… me subí en ella, y jalé ese pedazo de madera y la solté.
[JBP] Logró soltar ahí donde estaba amarrado el barco, tiró el canto de madera, y ya está en el bote.
201 Para entonces ya estaba en la corriente del río principal ([JBP] o sea, ya estaba a la deriva). Y era como las once y media de la noche, y estaba lloviendo y nevando ([JBP] ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda). Y yo agarré la cuerda del arranque y la jalé y no arrancó el motor; y traté y no arrancó, y traté otra vez.
[JBP] O sea, para…, ese era de yoyo, de ese de… Le puso la cuerda y trató de jalar para prenderlo; y hacía: trr-ta-ta-ta-ta, trr-ta-ta-ta. Así hacen los motores cuando uno trata de prenderlo, y lo que hace es un tipo de ruido así, hasta que logran prender; pero ese pues se quedaba haciendo ese ruido así de… como que tratando de prender, como si se quedara sin… como si estuviera sin gasolina, o no tenía el - corriente (bueno, los que saben, que les ha pasado eso).
[201] Me estaba alejando más en esa corriente, las cataratas estaban un poco más adelante. Y yo estaba tratando con todo lo que tenía, y pensé ([JBP] porque eso cansa, cuando uno trata de prender y no prende, eso cansa): “¡Oh, Señor ([JBP] o sea, él pensó), aquí—aquí llego a mi fin! Aquí es”. Y jalaba con todas mis fuerzas, y dije: “Señor, por favor no me dejes morir en una muerte como esta”, y seguía jalando y jalando.
202 Y se me vino a la memoria: “¿Qué de ese montón de basura al cual tú no quisiste ir?”. ¿Ven? ¡Jum!
[JBP] O sea, le vino a la mente eso que había dicho la mamá de Hope, le vino a la mente eso.
203 Y nuevamente puse mi mano en la lancha, y dije: “¡Dios, ten misericordia de mí! ¡No permitas que deje así a mi esposa y a mi niña, y ellos allá enfermos! ¡Por favor!”. Y continué jalando y no arrancaba. Y yo ya podía oír el rugir allá abajo, porque… Apenas unos cuantos minutos, y, oh, hermano, eso sería todo ([JBP] o sea, el acantilado de esa represa). Y yo dije: “Señor, si Tú me perdonas, yo te prometo que haré cualquier cosa”. Y de rodillas allí en esa lancha, con la lluvia y la nieve pegándome en la cara, yo dije: “Haré cualquier cosa que Tú quieras que haga”. Y jalé otra vez y arrancó el motor. Y le di toda la gasolina que podía, y finalmente llegué a la orilla.
204 Y me regresé a buscar la camioneta, la camioneta patrulla. Y pensé de… Algunos dijeron: “La central de gobierno acaba de ser arrasada”. Mi esposa y mi niña estaban allí, mis dos niños.
[JBP] O sea, Billy y Sharon estaban ahí con Hope, o Esperanza.
205 Y salí rumbo a la central de gobierno tan rápido como podía, y el agua tenía como quince pies de profundidad en todo el trayecto. Y allí estaba un mayor, y le pregunté: “Mayor, ¿qué le pasó al hospital?”.
Y él me dijo: “No te preocupes. ¿Tenías a alguien allí?”. Le contesté: “Sí, a mi esposa enferma y a dos niños”.
206 Y él dijo: “Todos fueron evacuados”. Dijo: “Están en un tren de carga y van rumbo hacia Charlestown”.
207 Yo corrí, subí a mi lancha… subí a mi carro, y puse mi lancha atrás ([JBP] o sea, de arrastre) y salí para allá… Y los arroyos tenían ahora dos y media o tres millas de ancho [4 o 5 km de ancho. –Trad.]. Y toda la noche yo traté de… Algunos de ellos decían: “El tren de carga fue arrasado allá en el puente”.
208 Pues, me hallaba aislado en una pequeña isla ([JBP] él escribe allí): [WSS] «una isla» ([JBP] a la izquierda; y lo subraya y circula esa oración), estuve allí por tres días ([JBP] tres días estuvo él aislado en ese lugar, y que se había convertido en una isla). Y allí tuve bastante tiempo para pensar si Aquello era basura o no ([JBP] otra vez recordando lo que había dicho la mamá de Hope). Y palpitando dentro de mí: “¿Dónde está mi esposa?”.
209 Finalmente cuando la encontré, unos pocos días después de que salí y pude cruzar, ella estaba en Columbus, Indiana, en el auditorio bautista que habían acondicionado como un hospital con cuartos para enfermos, usando catres del gobierno.
[JBP] Ahora miren, él estuvo tres días; y dice que unos pocos días después fue que pudo ir allá.
[Dr. José B. Pérez] Ahora miren, en el caso de Jesús, cuando estuvo en esa ocasión que lo llamó allí… Vamos a ver, en el capítulo 11 del Evangelio según San Juan, allí nos dice que Él preguntó: “¿Dónde le pusiste?”. Todo ese capítulo 11 nos narra todo eso que pasó allí. Pero vean que Él dijo que… cuando le dijeron que estaba enfermo, Él se fue a otro lugar y no se fue a donde estaba Lázaro, sino que se fue a otro lugar; y ya cuando llegó le dijeron que llevaba cuatro días, y… Vamos a ver aquí, en el verso 39:
San Juan 11:39
39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
[JBP] En esa resurrección estaba tipificado la resurrección que en este tiempo final, en el Día Postrero, se estaría llevando a cabo para todos los creyentes en el Señor, de las siete edades y de la Edad de la Piedra Angular, que han partido.
Por eso Él tenía que aparecer en el cuarto día, el cuarto día de liberación; porque cuatro [4] representa liberación*. Y es en la cuarta vigilia también que Él caminó sobre el mar [San Mateo 14:22-33, San Marcos 6:45-51].
*Estudio Bíblico #489, 2025/feb/09-2 (domingo), págs. 14-15 (f), págs. 118-119 (T2) / Estudio “El precursor de la Palabra venidera”, 2024/abr/06 (sábado), págs. 36-37 (f), págs. 140-141 (T1): 61-0108 “Apocalipsis, Capítulo Cuatro, Parte 3”, párrs. 266-267 - [WSS] «4 es el número de liberación».
Vean, la cuarta etapa siempre es muy importante: es la de la restauración del Árbol-Novia*.
* • [Citas, pág. 68, párr. 592: 62-0422 “La restauración del Árbol-Novia”, párrs. 510-514] [Compilación, págs. 48-49] [Estudio Bíblico #475, 2024/dic/22-3 (domingo), págs. 22-26 (f), págs. 142-146 (T4)]
• [62-0422 “La restauración del Árbol-Novia”, párrs. 504-514 / Estudio Bíblico #473, 2024/dic/15 (domingo), págs. 68-73 (f), págs. 142-147 (T3)]
• [Estudio Bíblico #337, 2023/ago/27 (domingo), págs. 42-43 (f), págs. 168-169 (T4)]
Ahora, Él tenía que aparecer allí al cuarto día. Cuando le dijeron eso, no era el cuarto día. Ya cuando Él apareció y fue —que era el cuarto día—, ya habían tenido todo el servicio, ya lo habían enterrado; o sea, no estaba allí; ya cuando llegó estaba ya enterrado. Y allí estaba la Resurrección y la Vida, pero tenía que aparecer en el cuarto día.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, sigue diciendo [“LA HISTORIA DE MI VIDA”]:
209 Finalmente cuando la encontré, unos pocos días después de que salí y pude cruzar, ella estaba en Columbus, Indiana, en el Auditorio Bautista que habían acondicionado como un hospital con cuartos para enfermos, usando catres del gobierno. Y corrí buscándola, tan fuerte como podía, tratando de encontrar en dónde estaba ella, gritando: “¡Hope! ¡Hope! ¡Hope!” ([JBP] lo cual en español es “Esperanza”). Y cuando la vi, ella estaba acostada en un catre, se había contagiado de tuberculosis ([JBP] ahí dibuja a la izquierda una Estrella de David).
Ella levantó su manita huesuda, y dijo: “Billy”. Y yo corrí hacia ella y dije: “Hope, mi amor”. Ella me dijo: “Me miro muy mal, ¿verdad?”. Le dije: “No, cariño, te miras muy bien”.
210 Como por seis meses luchamos con todo lo que estaba a nuestro alcance ([JBP] ahí escribe a la izquierda): [WSS] «6 meses» ([JBP] y dibuja una Estrella de David), para tratar de salvar su vida ([JBP] o sea, durante seis meses, para tratar de salvar su vida), pero ella continuaba debilitándose más y más.
211 Y un día yo estaba patrullando y tenía mi radio encendido, y pensé que los había escuchado decir, o hacer un llamado por el radio diciendo: “Para William Branham, lo necesitan en el hospital de inmediato, esposa muriéndose”.
[JBP] ¡Imagínense! Cuando él… porque (ahí más adelante van a ver) él tenía que trabajar; y su esposa pues… ahí en el hospital, pues eso es un gasto. Y escuchar eso por la radio…
[211] Y rápidamente me dirigí al hospital, tan rápido como podía, encendí la luz roja y la sirena, y arranqué. Y llegué al hospital y paré mi carro, y entré corriendo. Caminando por el hospital vi a un amiguito mío, pescábamos juntos, andábamos juntos cuando éramos niños, Sam Adair.
212 El doctor Sam Adair, es el mismo a quién le dije de la visión acerca de la clínica, no hace mucho tiempo. Y él dijo que si alguien dudaba la visión, que lo llamaran a él por cobrar, si querían saber si era verdad o no.
213 Así que entonces, él venía saliendo de esta manera, y traía un sombrero en la mano. Él me miró y empezó a llorar. Y yo corrí hacia él y lo abracé. Él me abrazó, y me dijo: “Billy, se está muriendo”. Dijo: “Lo siento. Yo he hecho todo lo que podía hacer, he consultado con especialistas y todo”.
Yo dije: “¡Sam, seguramente no es que se está muriendo!”.
Dijo: “Sí, se está muriendo”.
Y me dijo: “No entres allí, Bill”.
Y yo dije: “Tengo que entrar, Sam”.
Y él dijo: “No lo hagas. No, por favor no”.
Dije: “Déjame entrar”.
Dijo: “Yo voy contigo”.
214 Le dije: “No, no, tú quédate aquí; quiero estar con ella en sus últimos momentos”.
Me dijo: “Ella está inconsciente”.
215 Entré al cuarto. Y la enfermera estaba sentada allí, y estaba llorando, porque ella y Hope habían sido compañeras de escuela. Así que miré, y ella empezó a llorar, y levantó su mano y venía hacia mí.
216 Y la miré, y la sacudí. Allí estaba ella, había bajado de peso de casi 120 libras [Casi 55 kilos –Trad.], hasta como unas 60 [27 kilos] Y yo—yo la sacudí ([JBP] o sea, sacudió a Hope. Recuerden, el doctor le había dicho que estaba inconsciente). Y si yo viviera hasta la edad de cien años, nunca olvidaré lo que sucedió. Ella volteó, y me miró con esos grandes y hermosos ojos. Se sonrió. Me dijo: “¿Por qué me llamaste de regreso, Billy?”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David.
Ahora, ¿recuerdan cuando Saúl fue a la pitonisa para consultar?, y allí llamaron a Samuel [1 Samuel 28:3-19]. Miren, en ese momento todavía no estaba la sexta dimensión en función, y vean cómo pudo esa pitonisa llamar a Samuel.
Ahora, miren cómo en este caso, acá… Luego de la crucifixión del Señor, y sepultura y resurrección, luego de eso, ya todos los que parten en el Señor van a ese lugar, a la sexta dimensión: creyentes en el Señor, creyentes en Su Primera Venida, van al Paraíso - a la sexta dimensión. Y vean ustedes…
Le llamamos “el Paraíso” a la sexta dimensión; pero hay un misterio grande ahí que ha sido abierto, porque eso hay secciones allí en ese lugar.
Ahora, miren, ella dice: “¿Por qué me llamaste?”. O sea, Dios permitió que a través de él, esa voz la llamara de vuelta. Fue la - una voz de resurrección, tipo y figura de la resurrección que ocurrirá en este tiempo final por la Voz del Hijo del Hombre.
[Dr. José B. Pérez] Porque en San Juan, capítulo 5, verso 25 en adelante, dice… El Evangelio según San Juan, capítulo 5, verso 25, dice:
San Juan 5:25
25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.
[JBP] Y él escribe allí: [WSS] «en carne».
[JBP] O sea, en la manifestación final de Dios, que es la manifestación del Espíritu Santo operando los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías en este tiempo final.
Ahora, aquí estamos viendo cómo esto es tipo y figura de lo que estará ocurriendo en este tiempo en el cual estamos viviendo, en donde la Voz del Espíritu Santo por medio del último mensajero —que es el mensajero dispensacional, el mensajero de la Dispensación del Reino— llamará…; y lo que Job (leímos al principio) dijo, se cumplirá plenamente en este tiempo final. Porque esa Escritura se cumplió en la Primera Venida del Señor, y es cumplida también en la Segunda Venida del Señor.
Allá resucitaron los santos del Antiguo Testamento; acá resucitarán todos los que han partido de nuestro tiempo; pero también, ahí vendrán también y estaremos todos juntos, tanto los del Antiguo Testamento como los de nuestro tiempo, y los de las edades.
Ahora, allí ella… Miren cómo en este relato, en donde vemos ciertos detalles importantes, ella fue regresada por la voz del profeta.
Y así también fue en este tiempo en el cual estamos viviendo, en donde —por medio de la Palabra hablada— fue traído a vida nuevamente el doctor William Soto. Él ya no estaba allí; y se habló la Palabra y él regresó. Vean, por un tiempo… Dios le extendió el tiempo, pero fue por causa de un hombre que habló la Palabra para resurrección.
Luego entenderemos, más adelante, bien, cómo Dios allí estaba mostrando también lo que sería la resurrección de todos los creyentes en el Señor, de las edades y de nuestro tiempo; como lo fue también la resurrección de Lázaro.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, sigue diciendo (estoy en la página 35) [“LA HISTORIA DE MI VIDA”]:
[216] Yo le dije: “Amor, acabo de recibir el… aviso”.
217 Yo tenía que trabajar. Estábamos muy endeudados con cientos y cientos de dólares en la cuenta del doctor, y no tenía nada con qué pagarla. Y tenía que trabajar ([JBP] ¿ve que él tenía que salir a trabajar?). Y a ella la veía dos o tres veces al día, y cada noche, y luego cuando ella estaba en esa condición.
Le dije: “¿Qué quieres decir con eso de ‘llamaste de regreso’?”.
[JBP] ¿Ve?, le está preguntando que: “¡Adiós!, pero… ¿cómo que ‘me llamaste de regreso’?”.
218 Ella me dijo: “Bill, tú lo has predicado, tú has hablado de Ello, pero tú no tienes ninguna idea de lo que es”.
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
[218] Yo dije: “¿De qué estás hablando?”.
219 Ella dijo: “El Cielo”. Ella dijo: “Mira (dijo ella), me estaban escoltando hacia el Hogar, unas personas, hombres o mujeres, o algo así, que estaban vestidos de blanco”. Y me dijo: “Yo estaba tranquila y en paz”. Dijo: “Y grandes y hermosos pájaros volaban de un árbol a otro”.
[JBP] Ahora está detallando lo que es la sexta dimensión, cuando estaba pasando por ese… muchos le dicen como “un túnel”. Ahora, al escuchar la Voz de Dios por medio de Su profeta, entonces regresa.
Miren cómo eso será llevado a cabo en una escala mayor; pero ya no es para que regresen y se vuelvan a ir, sino es para que regresen y se queden ya siempre con nosotros. Y eso está por acontecer. Eso es pronto.
[219] Dijo: “Y grandes y hermosos pájaros volaban de un árbol a otro”. Ella dijo: “No pienses que estoy fuera de mí”. Ella dijo: “Billy, voy a decirte cuál fue nuestro error”.
[JBP] Ahora, ya ella se da cuenta también o ya ahí conoce cuál fue el error, del por qué a ella le está pasando eso y por qué ya tenía que partir. Vean la consecuencia que hubo ahí.
[219] Ella dijo: “Siéntate”. Yo no me senté; me hinqué, y tomé su mano. Ella dijo: “¿Sabes tú dónde estuvo nuestro error?”.
[JBP] Y escribe a la derecha: [WSS] «El error».
Y a la izquierda dibuja una Estrella de David.
[219] Y le contesté: “Sí, cariño, sí sé”.
220 Ella dijo: “Nunca debimos haber escuchado a mi mamá. Esa gente estaba correcta”.
[JBP] O sea, la gente que lo había invitado.
Ahí dibuja una Estrella de David en ambos lados: izquierda y a la derecha.
[220] Y yo le dije: “Lo sé”.
221 Y me dijo: “Prométeme esto, que tú irás adonde esa gente (dijo), porque ellos están bien”. Y me dijo: “Cría a mis hijos de esa manera”.
[JBP] Vean, ella conoció el error, pero ya era tarde.
[221] Y me dijo: “Cría a mis hijos de esa manera”. Y yo… Ella dijo: “Quiero decirte algo”. Dijo: “Me estoy muriendo pero (dijo) es… no—no temo irme”. Dijo: “Es hermoso”. Ella dijo: “Lo único que me pesa es dejarte, Bill. Yo sé que tienes que criar a estos dos pequeñitos”.
[JBP] Ahora, aquí el detalle también está [en] que ella, todavía al no llegar allá a ese lugar… Miren, ella conoció cuál era el error; ahí sí fue concedido que ella conociera el por qué ella se estaba yendo; pero no tenía el conocimiento todavía…, porque más adelante sí, ya cuando se fue pe-… definitivo. Porque aquí ella dice: “Cría a mis hijos”; o sea, a Billy Paul y a Sharon; sin saber todavía que Sharon también iba a partir.
[221] “Cría a mis hijos de esa manera”. Ella dijo: “Quiero decirte algo”. Dijo: “Me estoy muriendo pero (dijo) no temo irme”. Dijo: “Esto es hermoso”. Ella dijo: “Lo único que me pesa es dejarte, Bill. Yo sé que tienes que criar a estos dos pequeñitos” ([JBP] ¿ve?, ahí toda-… no sabía). Me dijo: “Prométeme que no te vas a quedar soltero, y que mis hijos no anden de aquí para allá”. Esa fue una cosa sensible para una madre de veintiún años de edad.
Y yo le dije: “Yo no puedo prometerte eso, Hope”.
222 Y ella dijo: “Por favor, prométeme”. Dijo: “Te quiero decir una cosa”. Dijo: “¿Recuerdas aquel rifle?”. Yo soy un fanático para las armas. Y me dijo: “Tú querías comprar ese rifle aquel día, pero no tenías el dinero suficiente para dar el enganche”.
Yo dije: “Sí”.
223 Ella dijo: “Yo he estado ahorrando mi dinero, mis cincos, para tratar de dar el enganche de ese rifle por ti”. Dijo: “Ahora, cuando esto haya terminado, y te vayas a la casa, mira allá arriba, sobre la cama plegadiza y mira debajo de ese papel que está encima, y allí encontrarás el dinero”. Me dijo: “Prométeme que vas a comprar ese rifle”.
224 Ustedes no se imaginan cómo me sentí cuando encontré allí un dólar setenta y cinco centavos (en cincos) ([JBP] o sea, en monedas). Me compré el rifle.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la derecha.
[JBP] Ahí sigue relatando. Y vamos un poquito más adelante: en la página 38; sigue diciendo:
[238] Y yo le dije: “Oh, está bien, amor” ([JBP] o sea, lo del rifle).
239 Y me dijo: “Ahora, no te quedes soltero”. Y me dijo… Ella no sabía lo que iba a suceder en unas cuantas horas más. Y tomé sus manos amorosas mientras los ángeles de Dios se la llevaron.
240 Yo me fui a la casa. Yo no sabía qué hacer. Estaba acostado ahí de noche y escuché… Yo pienso que era un ratoncito que estaba en la canastilla en donde teníamos algunos papeles. Y yo cerré la puerta con mi pie, y por detrás estaba colgada su bata (y ella allá en el depósito de muertos). Y un poquito después, alguien me llamó, y me dijo: “¡Billy!”. Era el hermano Frank Broy. Él dijo: “Tu niña se está muriendo”.
Yo dije: “¿Mi niña?”.
241 Dijo: “Sí, Sharon Rose”. Dijo: “Allá está ahorita el doctor, y él dijo: ‘Tiene meningitis tuberculosa, la adquirió cuando su madre la amamantaba’”. Y dijo: “Se está muriendo”.
[JBP] Ahí dibuja otra Estrella de David a la izquierda.
242 Me subí al carro y fui para allá. Y allí estaba ella, la dulce criatura. Y la habían llevado rápidamente al hospital.
243 Y salí para verlo a él. Sam salió y me dijo: “Billy, no entres a ese cuarto, tienes que pensar en Billy Paul”. Dijo: “Ella se está muriendo”.
Le dije: “Doc, yo tengo que ver a mi niña”.
244 Y él me dijo: “No, no puedes entrar. Billy, ella tiene meningitis, se la pasarías a Billy Paul”.
245 Y me esperé hasta que él se salió. Yo no podía soportar verla morir, y a su madre allá en la funeraria. Déjenme decirles, el camino de un transgresor es duro.
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Ahora, él ahí, con estas palabras, nos da una enseñanza muy pero que muy grande.
[245] Y sigilosamente entré por la puerta, y cuando Sam y la enfermera salieron, me fui al sótano. Es un hospital muy pequeño. Ella estaba aislada en un lugar, y las moscas estaban en sus ojitos. Y ellos tenían una pequeña… lo que llamamos “tela contra mosquitos”, era como una red de tejido fino sobre sus ojos. Y ella… con sus pequeños espasmos musculares, y su piernita gordita se movía de arriba para abajo así de esta manera, y también sus manitas con esos espasmos. Y yo la miré, y ella estaba en la edad de ser graciosa, tenía como ocho meses de edad.
[JBP] Y él escribe allí: [WSS] «8 meses».
246 Y su madre solía sentarla allá afuera, enfrente, con su vestidito, ustedes saben, cuando yo venía. Y yo sonaba el claxon, y ella hacía: “Gu-gu, gu-gu”, estirando sus brazos hacia mí, ustedes saben.
247 Y allí estaba mi adorable, muriéndose. La miré y le dije: “Sharry, ¿conoces a tu papito? ¿Conoces a tu papito, Sharry?”. Y cuando ella me miró… Ella estaba sufriendo tanto, que uno de sus hermosos ojitos azules se había cruzado. Yo sentía que mi corazón se partía.
248 Me arrodillé y dije: “Señor, ¿qué he hecho yo? ¿No he predicado el Evangelio en las esquinas de la calle, y he hecho todo lo que yo sé? No tengas eso contra mí. Yo nunca llamé a esa gente ‘basura’. Fue ella quien llamó a esa gente ‘basura’”. Y dije: “Lo siento por lo que sucedió. Perdóname. No me quites mi niña”. Y mientras yo estaba orando, parecía como que algo negro… como una sábana, un lienzo que bajaba. Sabía que Él me había rechazado.
[JBP] O sea, ahí no había forma de que el hermano Branham intercediera por Sharon; tampoco hubo manera de interceder por Hope; pero sí: Dios permitió que él la llamara y regresara.
Ahora, con su hija Sharon no fue así; con ella ya Dios entonces le muestra ya el final de esa etapa.
Ahí dibuja una Estrella de David a la derecha.
249 Ahora, ese fue el tiempo más difícil y más inestable de mi vida. Cuando me levanté y la miré, y yo pensé… Satanás puso en mi mente esto ([JBP] ahí ahora viene el ataque del diablo, ¿a dónde? A la mente): “¿Me quieres decir que tan duro como tú has predicado, y de la manera como tú has vivido, y ahora cuando se trata de tu propia niña, Él te rechaza?”.
[JBP] Ahí empieza a ponerle el diablo en la mente del hermano Branham, para que el hermano Branham piense mal de Dios; o sea, de lo que le está pasando, echarle la culpa a Dios.
250 Y yo le dije: “Así es”.
[JBP] Ahora se pone a platicar con el diablo.
Cuando usted tenga pensamientos así, que están fuera de la voluntad de Dios, tenga cuidado. No tenga conversaciones con el diablo, tanto en la mente como físicos, que estén en personas que le hablen negativo de usted o de otras personas. No tenga conversaciones con el diablo; ni físicamente —que estén obrando en personas físicas que estén ahí— o en su mente. ¡Evite, rechace, conversaciones con el diablo, con Satanás!
250 Y yo le dije: “Así es. Si Él no puede salvar a mi niña, entonces yo no puedo…”.
[JBP] O sea, “entonces yo no puedo” ¿qué? Lo que él le puso en la mente: “Entonces no puedes seguir predicando”. “Entonces yo no puedo seguir predicando; porque si Tú no puedes salvar a mi niña, pues entonces yo tampoco voy a seguir predicando”. Entonces lo pone a él en contra, el diablo lo pone a él en contra ahí, de Dios y Su Programa.
[250] Y allí me detuve ([JBP] o sea, cuando iba a decir: “Entonces yo no puedo…”, iba a decir eso; se detuvo y dice: “Y allí me detuve”). Yo no sabía qué hacer. Y entonces dije esto, dije: “¡Señor…!”.
[JBP] ¿Ve?, entonces se detuvo: “Espera, espérate”. Y ahí dice:
[250] “¡Señor, Tú me la diste, Tú te la has llevado, bendito sea el Nombre del Señor! Aun si Tú me llevaras a mí, todavía yo te amaría”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la derecha.
251 Y puse mi mano sobre ella y le dije: “Dios te bendiga, amorcito. Tu papito quiso criarte, con todo mi corazón quise criarte, y criarte para que amaras al Señor. Pero los ángeles vienen por ti, amorcito. Tu papi va a llevar tu cuerpecito y lo va a poner en los brazos de mamá. Te voy a enterrar con ella. Y algún día tu papi se va a encontrar contigo, tú solamente espera allá arriba con tu mamá”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Ahora, vean, ya ahí el hermano Branham está profetizando que va a partir, y que ella y su mamá (y Hope, su esposa) iban a estar en la sexta dimensión esperándolo.
252 Cuando su madre estaba muriéndose, dijo, estas fueron sus últimas palabras, ella dijo: “Bill, quédate en el ministerio”.
[JBP] Y ahí dibuja a la izquierda - a la derecha, dibuja a la derecha una Estrella de David.
253 Yo dije: “Yo…”. Ella dijo… Yo dije: “Si estoy predicando cuando Él venga, los niños y yo te encontraremos. Si no estoy, me van a enterrar a tu lado. Y tú ve al lado derecho de la gran puerta, y cuando tú veas a todos ellos entrar, párate allí y empieza a gritar: ‘¡Bill! ¡Bill! ¡Bill!’, tan fuerte como tú puedas. Yo te encontraré allí”.
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Y escribe: [WSS] «Lado derecho de la gran Puerta».
[253] Y le di un beso de despedida. Y hoy estoy en el campo de batalla. Eso fue hace cerca de veinte años. Yo tengo una cita con mi esposa, y la voy a encontrar.
[JBP] Vean, aquí, ya veinte años después, él relatando esto, está nuevamente profetizando que iba a partir.
Y ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
254 Y yo tomé la niñita, cuando ella murió, y la puse en los brazos de la madre, y la llevamos al cementerio. Y yo me paré allí a escuchar al hermano Smith, el predicador metodista que predicó en el funeral, y dijo: “La ceniza a la ceniza, y el polvo al polvo”. (Y yo pensé: “Corazón a corazón”). Y la bajaron.
[JBP] Ahí a la izquierda dibuja una Estrella de David.
255 No mucho tiempo después de eso, llevé al pequeño Billy una mañana. Él era un muchachito menudito. Él era…
256 Esa es la razón de que él siempre anda junto conmigo y yo junto con él, yo tenía que ser papá y mamá (ambas cosas) para él ([JBP] dibuja una Estrella de David a la izquierda). Yo cogía su biberón, y como no podíamos pagar para estar prendiendo fuego durante la noche para calentar su leche, yo me acostaba de espaldas sobre el biberón de esta manera, para mantenerlo calientito con el calor de mi cuerpo.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
257 Nos hemos mantenido unidos como amigos; y uno de estos días, cuando yo termine de predicar, yo quiero darle la Palabra y decirle: “Ve, Billy. Quédate con ella”. Algunas personas se preguntan por qué lo traigo conmigo todo el tiempo. No puedo apartarme de él. Él ya está casado, pero yo todavía recuerdo que ella me dijo: “Quédate con él”. Y hemos estado juntos como amigos.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
258 Yo recuerdo ir caminando por la ciudad con el biberón debajo de mi brazo, y él empezaba a llorar. Una noche, él iba caminando afuera en el patio de atrás de donde… (Cuando ella iba a tenerlo, ella se sofocaba, y yo… ella era una niña, ustedes saben). Y yo iba y venía de ese viejo roble que estaba en el patio de atrás. Y él estaba llorando por su mamá, y yo no tenía ninguna mamá a quién llevarlo. Yo lo ponía en mis brazos, y le decía: “Amor”, le decía…
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda.
259 Él me decía: “Papi, ¿dónde está mamá?”. Dijo: “¿Tú la pusiste dentro de la tierra?” ([JBP] dibuja una Estrella de David a la derecha).
Yo le decía: “No hijito. Ella está bien, ella está en el Cielo”.
260 Y una tarde él dijo algo que fue como la muerte para mí. Él estaba llorando, ya era muy tarde, y yo lo tenía cargado en mi espalda de esta manera, lo traía cargado en mi hombro y lo estaba palmeando de esta manera ([JBP] ahí dibuja una Estrella de David a la derecha, en el primer - en la primera oración de ese párrafo que estoy leyendo: 260). Y él me dijo: “Papi, por favor ve por mi mamá y tráela aquí”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la derecha; o sea, otra más.
[260] Y yo le dije: “Hijito, yo no puedo traer a mamá. Jesús…”.
Y me dijo: “Bueno, dile a Jesús que me mande a mi mamá. Yo la quiero”.
261 Y le dije: “Bueno, amor, yo… tú y yo vamos a ir a verla algún día”.
[JBP] Y ahí dibuja una Estrella de David a la derecha.
Ahora vean, ya ahí…, ahora habla de Billy Paul, el cual también ya partió. El hermano Branham partió también, y vean, Billy Paul también partió.
Ahora los dos están allá; y se cumplió eso que él había hablado, de que iban a estar nuevamente juntos: Hope (o sea, Esperanza) y Sharon Rose con Billy Paul y nuestro hermano Branham.
[261] Y él se detuvo y dijo: “¡Papi!”.
Y yo le contesté: “¿Sí?”.
“Yo vi a mi mamá allá en esa nube”.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
262 ¡Oh, Señor, sentí como morirme! Y pensé: “Yo vi a mi mamá allá en esa nube”. Yo casi me desmayé. Abracé al pequeñito protegiéndolo en mi pecho de esta manera, y manteniendo mi cabeza inclinada, me metí a la casa.
263 Y los días pasaron. Y yo no podía olvidar eso. Trataba de trabajar. No podía regresar a la casa, ya no era más hogar. Y me quería quedar. No teníamos más que esos muebles viejos y rotos, pero era algo que ella y yo habíamos disfrutado juntos. Era un hogar.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la derecha.
Ahí en la 262, a la izquierda dibuja una Estrella de David también.
264 Y yo recuerdo un día, yo intentaba trabajar en el servicio público. Y había subido a un poste para arreglar una línea secundaria que estaba colgando, era muy temprano en la mañana. Y subí hasta donde estaba la cruz ([JBP] o sea, la cruz de ese poste de luz. Antes usaban ese poste alto y había como algo atravesado bastante arriba; una tercera parte, más o menos, de arriba hacia abajo). (Y yo no podía olvidarme de esa niña. Yo podía entender la pérdida de mi esposa…).
[JBP] O sea, podía entender la pérdida de su esposa, pues le dio eso; y por la situación que pasó, y por lo que había sucedido, de no ir a donde Dios le había dicho al hermano Branham que fuera. Dios puso en el corazón del hermano Branham que fuera a esas actividades que fue invitado, pero él no fue.
[264] (Yo podía entender la pérdida de mi esposa, pero la pérdida de mi niña, una criaturita). Y estando allá arriba, yo estaba cantando: “En el monte Calvario, había una Cruz”. Y las líneas primarias bajaban al transformador y salían (ustedes saben), como secundarias. Y yo estaba trabajando en ellas. Y sucedió que al mirar, el sol estaba saliendo a mi espalda. Y allí estaba yo, con mis manos estiradas mientras trabajaba, mi sombra formó la Cruz en el lado de la colina. Y pensé: “Sí, fueron mis pecados los que lo pusieron a Él allí”.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la derecha.
265 Y dije: “Sharon, amor, tu papi desea verte desesperadamente, amor. Cómo me gustaría tomarte en mis brazos otra vez, cariño, mi pequeñita”. Y perdí el juicio. Ya habían pasado semanas. Y empecé a quitarme mi guante…
[JBP] Y ahí lo subraya: “Y perdí el juicio”, y dibuja una Estrella de David a la derecha.
[265] Y empecé a quitarme mi guante protector. Y a mi lado estaba una línea de 2300 voltios. Y empecé a quitarme mi guante protector y dije: “Dios, no quisiera hacer esto. Yo soy un cobarde” ([JBP] eso lo subraya todo ahí). “Pero Sharry, tu papi te va a ver a ti y a tu mami en unos cuantos minutos” ([JBP] y ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda). Y empecé a quitarme mi guante, para poner mi mano en esa corriente de 2300 voltios. Eso haría… Con ese voltaje ni siquiera le quedaría sangre a uno ([JBP] y ahí escribe a la izquierda, hacia arriba): [WSS] «trató de suicidarse». Así que yo empecé a quitarme el guante, y algo sucedió. Cuando volví en mí, yo estaba sentado en el suelo con mis manos en la cara, de esta manera, llorando. Fue la gracia de Dios, de otra manera, no estaría aquí hoy, teniendo un servicio de sanidad, estoy seguro de eso. Era Él protegiendo Su don, no a mí.
[JBP] Y todo eso lo subraya: “Era Él protegiendo Su don, no a mí”, lo subraya mucho; y dibuja a la izquierda una Estrella de David.
Y también escribe arriba: [WSS] «El don, ministerio».
Él atrás, él escribe allí:
[WSS] «Dios protege el don, el ministerio, protegiendo el velo de carne donde está».
[JBP] Vean cómo Dios protege a ese don ministerial: lo protege protegiendo al velo de carne.
En el libro de Citas él nos habla allí, en una porción, que [WMB] nadie podía tocar a Moisés hasta que terminara su Obra.
Ahora vean, allí dice:
[265] Era Él protegiendo Su don, no a mí.
266 Me fui a la casa. Dejé de trabajar, recogí mi herramienta. Y me regresé, y dije: “Yo me voy a la casa”.
267 Y llegando a la casa, recogí la correspondencia, y la casa, hacía algo de frío y me metí. Teníamos un cuartito, y yo dormía allí en un catrecito, y la helada venía en camino, pero teníamos allí una estufa vieja. Cogí la correspondencia y la miré, y la primera cosa que estaba allí eran sus pequeños ahorros de Navidad, ochenta centavos: “Señorita Sharon Rose Branham”. Y allí estaba todo el cuadro de nuevo.
[JBP] O sea, volvió otra vez en la mente…
268 Yo había sido un oficial de caza. Y tomé mi arma, mi pistola, de la funda. Y dije: “Señor, yo no puedo soportar esto más, yo me estoy muriendo. Estoy—estoy muy atormentado”. Y jalé el martillo de la pistola hacia atrás, y la puse en mi cabeza, y allí arrodillado junto al catre, de ese cuarto oscuro, dije: “Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu Voluntad”, y mientras trataba, y apreté el gatillo tan fuerte como podía, seguía diciendo: “Como en el Cielo, así también en la Tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. ¡Y no disparaba!
[JBP] Ahí dibuja una Estrella de David a la izquierda; y otra al final del párrafo, a la derecha.
[JBP] Recuerden el sueño de esa hermana, la cual dice que… El párrafo 1004 del libro de Citas, y en el mensaje “ALMAS ENCARCELADAS” (que es la porción que está allí), nos narra él de eso: cuando vio esa hermana, en ese sueño, que le dispararon a él. Y él dice: [WMB] “Eso…”, el Espíritu Santo ahí dice: [WMB] “Eso será más adelante”; o sea, bajo el ministerio de Elías pero en su quinta manifestación.
Y ahí nos muestra aquí cómo sería también, porque ahí está mostrando cómo Elías estaría muriendo en su quinta manifestación.
Ahora, cuando él dice que [WMB] le dispararon, ya ahí sí pudieron tocarlo.
269 Y yo pensé: “Oh Dios, ¿quieres hacerme pedazos? ¿Qué he hecho? Tú ni siquiera me dejas morir”.
[JBP] Ahí escribe: [WSS] «Trató de suicidarse».
Ahí dibuja una Estrella de David también, a la izquierda.
[269] Y tiré el arma al suelo, y se disparó y la bala atravesó el cuarto ([JBP] o sea, no se disparó cuando la - cuando trató de matarse, de suicidarse), y dije: “Dios, ¿por qué no puedo morir y así terminar con esto? Ya no puedo seguir más. Tú tienes que hacer algo conmigo”. Y me tiré sobre mi catrecito sucio y viejo, y empecé a llorar.
[JBP] Cuando vengan pensamientos así (a alguna persona o a algún escogido, o a alguna persona), recuerde: eso no está bien, quitarse la vida así; esos son pensamientos que provienen del maligno.
270 Y debo de haber quedado dormido. Yo no sé si estaba dormido o qué sucedió.
271 Yo siempre he anhelado ir al oeste. Yo siempre he querido uno de esos sombreros. Mi padre había domado caballos en su juventud, y yo siempre quise uno de esos sombreros. Y el hermano Demos Shakarian me compró uno ayer, el primero que he tenido (que haya tenido), como ese, de esa clase de sombreros del oeste.
[JBP] Ahí dibuja una Piedra Angular y las edades.
Y escribe: [WSS] «El oeste».
Y dibuja también una Estrella de David.
Y abajo él escribe:
[WSS] «El que el Programa de Dios estuviera en el oeste, influyó en el deseo del corazón, del alma, de nuestro hermano Branham».
272 Y pensé que iba por las praderas, cantando esa balada que dice: “Hay una rueda en la carreta que está quebrada y un letrero en el rancho que dice: ‘De venta’”. Y seguí caminando y miré una antigua carreta con toldo, como aquellos antiguos furgones con toldo, y una de las ruedas estaba quebrada. Por supuesto, eso representaba mi familia destrozada. Y al acercarme más, miré que allí estaba parada una muchacha joven, muy bonita, como de veinte años de edad, con ojos azules y su pelo rubio cayéndole en la espalda, y vestida de blanco.
[JBP] Y ahí escribe a la izquierda: [WSS] «Sharon, 20 años aproximadamente».
Y dibuja una Estrella de David.
[272] Al mirarla, le dije: “¿Cómo está usted?”. Y seguí adelante. Y ella me respondió: “Hola, papá”.
273 Y yo regresé y exclamé: “¿Papá?”. “Pues”, dije: “¿cómo puede usted señorita…? ¿Cómo puedo ser yo su papá cuando usted tiene la misma edad que yo?”.
Y ella me dijo: “Papá, es que no sabes en dónde estás”.
Y le dije: “¿Qué quiere decir?”.
274 Y ella me contestó: “Aquí es el Cielo”. Y dijo: “En la Tierra yo era tu pequeña Sharon”.
[JBP] Y escribe: [WSS] «Sharon».
Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
[274] Y le dije: “Amor, tú eras una niñita”.
275 Me dijo: “Papá, los niños no son niños aquí, son inmortales. Ellos nunca crecen ni se envejecen”.
[JBP] Y dibuja otra Estrella de David a la izquierda.
276 Y le dije: “Sharon, amor, eres jovencita, muy bonita”.
Y me dijo: “Mi mamá te está esperando”.
Dije: “¿Dónde?”.
Ella dijo: “Allá en tu nuevo hogar”.
277 Y dije: “¿Nuevo hogar?”. Los Branham son vagabundos, no tienen hogar… Y le dije: “Pero amor, yo nunca he tenido un hogar”.
278 Ella dijo: “Pero acá arriba tienes uno, papá”. No quiero ser un niño, pero es tan real para mí…
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Aquí el editor escribe:
[278] … [El hermano Branham llora. –Ed.], y en cuanto empiezo a meditar en ello, recuerdo todo otra vez.
[JBP] Imagínate; todo eso que le pasó a él. Aún luego de veinte años después, cómo él recordaba ahí cómo se sentía él de eso que le pasó.
[278] Y dijo: “Acá tienes uno, papá”. Yo sé que tengo uno allá y algún día me iré para allá. Ella preguntó: “¿Dónde está Billy Paul, mi hermano?”.
[JBP] Escribe: [WSS] «Billy Paul», a la izquierda.
279 Y yo le dije: “Lo dejé con la Señora Broy, hace unos cuantos minutos”.
[JBP] Y escribe: [WSS] «Sra. Broy».
[279] Y me dijo: “Mamá quiere verte”.
280 Y yo me volteé y miré, y había enormes palacios, y la Gloria de Dios los cubría. Y escuché un coro angelical cantando: “Mi Hogar, dulce Hogar”. Y empecé a subir unos escalones largos, corriendo tan fuerte como podía. Y cuando llegué a la puerta, allí estaba ella, vestida de blanco, con su pelo negro, largo, cayendo sobre su espalda. Ella levantó sus brazos, como siempre lo hacía cuando llegaba a la casa cansado de trabajar o de otra cosa. Y la tomé de las manos y le dije: “Amor, vi a Sharon allá abajo. Se convirtió en una hermosa muchacha, ¿verdad?”.
281 Y ella dijo: “Sí, Bill”. Ella dijo: “Bill”, y puso sus brazos sobre mis hombros, y empezó a palmearme, y me dijo: “Ya no te preocupes por mí y por Sharon”.
Yo le contesté: “Amor, no puedo evitarlo”.
282 Ella me dijo: “Sharon y yo estamos mejor que lo que tú estás” ([JBP] y dibuja una Estrella de David a la izquierda). Y dijo: “No te preocupes ya más por nosotros. ¿Me lo prometes?”.
[JBP] Ahora vean, cuando parte un ser querido, nosotros nos quedamos con tristeza, lloramos por la pérdida, porque nos separamos de un ser que amamos; y no deseamos nunca que nos separamos - que nos separemos de ellos, pero así es el Programa Divino.
Pero miren aquí, pasó algo en su vida que le costó la pérdida de su esposa y de su pequeña Sharon.
O sea, vean ustedes, todo esto nos muestra que cada escogido de Dios, hijo de Dios, en su trayectoria hay cosas que pueden cambiar el rumbo de su vida por decisiones o por actos.
Vean, aquí perdió a Sharon (su hija) y su esposa Hope. Pero vean ustedes, no criticamos ni hablamos nada en contra de nuestro precioso hermano Branham ni su familia; sino que todo esto nos muestra y nos enseña, y nos da una enseñanza muy grande para nosotros en este tiempo final.
Y estamos conscientes que ellos allá están mejor de lo que estamos acá; porque allá no hay trabajo, no hay que levantarse temprano para trabajar; allá no se come, no se duerme; todo es felicidad, todo es perfección.
283 Y le dije: “Hope (le dije), he estado tan solitario sin ti y sin Sharon, y Billy siempre está llorando por ti”. Y le dije: “Yo no sé qué hacer con él”.
284 Y ella me dijo: “Todo va a estar bien, Bill”. Dijo: “Solamente prométeme que no te vas a preocupar ya más”. Y me dijo: “¿No te vas a sentar?”. Y miré alrededor y allí estaba un gran sillón.
[JBP] Ahora, vean, todo… ahí comienza a hablar del sillón y a relatar lo que ocurrió de ese sillón; pero para no leer toda esta parte, me voy a brincar un poquito aquí. Bueno, allí estaba ese sillón que él quería, que había deseado.
289 Ella me preguntó allá arriba, dijo: “¿Te acuerdas de ese sillón, Bill?” ([JBP] y escribe): [WSS] «el sillón».
Y yo le dije: “Sí, amor, sí me acuerdo”.
Y dijo: “¿Eso es lo que tú estabas pensando, verdad?”.
—“Sí”.
[JBP] Dibuja una Estrella de David a la derecha.
290 Y dijo: “Bueno, ellos no pueden quitarte este, este ya está pagado”. Ella dijo: “Siéntate por un minuto, quiero hablar contigo”.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Porque allá, o sea, en la Tierra, le quitaron el sillón que había pedido porque no lo pudo pagar; pero ella le dice: “Pero aquí no te lo pueden quitar”.
[290] Y le dije: “Amor, no entiendo esto”.
291 Y ella dijo: “Prométeme, Billy, prométeme que tú no te vas a preocupar más. Ya te vas a regresar”. Y repitió: “Prométeme que ya no te vas a preocupar”.
[JBP] Ahora, ya allí… Dibuja una Estrella de David a la derecha.
[JBP] Ya allí ella sabía (y Sharon) que Billy Paul iba a ir, o sea, iba a partir; y aquí ella sabía ya que él iba a regresar nuevamente a la Tierra; porque eso fue una de las visitas que él tuvo allí en la sexta dimensión.
[291] Y le dije: “No puedo hacer eso, Hope”.
292 Y en ese momento volví en mí…
[JBP] ¿Ve?, ya ella sabía: “Vas a regresar”; o sea, ya ella sabía que ya se iba a ir; iba a cerrarse esa dimensión que fue abierta para él.
292 Y en ese momento volví en mí, y el cuarto estaba oscuro. Miré alrededor y sentí su brazo sobre mí. Y le dije: “Hope, ¿estás aquí en este cuarto?”.
293 Ella empezó a palmearme.
[JBP] O sea, él sintió las palmadas de ella, estando ya él consciente en esta dimensión de luz, tiempo y materia. Dios permitió que ella viniera y en ese cuerpo tuviera tacto con el hermano Branham.
Recuerden que él, cuando fue allá, dice que se pellizcó, dice que se tocó su cabello, dice que era real.
Ahora, vean cómo ese cuerpo pudo estar en esta dimensión y palmear al hermano Branham, tocarlo; y él sentir el tacto de ese cuerpo, sin estar en el cuerpo glorificado y eterno ella. Estaba ella en teofanía, pero tuvo tacto: él sintió las palmadas de ella.
293 Ella empezó a palmearme. Me preguntó: “¿Me vas a hacer esa promesa, Bill? Prométeme que ya no te vas a casar—a preocupar ([JBP] él ahí corrigió) más”.
[JBP] Y escribe: [WSS] «Hope hablando».
[293] Y le dije: “Te lo prometo”.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
294 Y entonces ella me palmeó dos o tres veces más, y se fue ([JBP] o sea [pam-pam-pam], ¿ve?, lo palmeó por la espalda dos o tres veces más; lo sintió él). Yo salté y encendí la luz, y miré para todas partes, ya se había ido ([JBP] dibuja una Estrella de David a la derecha). Pero ella solamente se había ido del cuarto. Ella no se ha muerto, ella todavía vive. Ella era una cristiana.
[Dr. José B. Pérez] Igual que nuestra hermana Herminia, conocida cariñosamente como Minita. ¡Ella vive! Ella está en la sexta dimensión esperando que Él pase; como le dijeron en otra ocasión: [WMB] “Cuando Él venga a ti y te juzgue…”, dice: [WMB] “Pasará como…”, lo que sucedió con la resurrección de los que partieron de la - del Antiguo Testamento; dice: [WMB] “Pasaría y nos resucitaría, como sucedió en la resurrección…”. Miren, en la página 322 del libro de Los Sellos, en donde él dice:
[220]. Allí estábamos debajo del altar, esperando la venida, esperando que Él fuera a recoger a los cuerpos que duermen en el polvo, para resucitarnos de nuevo. Pasaría y nos resucitaría, como sucedió cuando Jesús pasó por el Paraíso y trajo a Abraham, Isaac y los demás que estaban esperando la primera resurrección. Ellos entraron en la ciudad y aparecieron a muchos. Es algo perfectamente de acuerdo a las Escrituras. Si fue una visión o lo que fue, fue perfectamente escritural.
[JBP] Vean, esto es otra ocasión que él fue allá al Paraíso, y le dijeron. A la sexta dimensión, el Paraíso. Y vean cómo aquí nos muestra que ellos tienen ese conocimiento que Él pasaría —o sea, el Señor en Su Venida, en el cumplimiento de Apocalipsis 11—, Él pasaría y resucitaría a los que están allí.
[Dr. José B. Pérez] Y aquí ella le dice… o aquí ella…; él sigue relatando, dice [“LA HISTORIA DE MI VIDA”]:
295 Billy y yo fuimos a la tumba no hace mucho, y llevamos unas florecitas para su madre y su hermana, fue en una mañana de pascua y nos detuvimos. El pobrecito empezó a llorar, y dijo: “Papá, mi mamá está allá abajo”.
296 Y le dije: “No, hijito. No, ella no está allá abajo. Tu hermana no está allá abajo. Aquí tenemos una tumba cerrada, pero allá al otro lado del mar está una tumba abierta, de la cual Jesús resucitó. Y algún día Él vendrá, y traerá a tu hermana y a tu mamá con Él”.
[JBP] Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
Y escribe: [WSS] «1 Corintios 15:50-54».
Y también: [WSS] «1 Tesalonicenses 4:14-17»; que es la promesa que el Espíritu Santo, por boca del apóstol Pablo, nos habló.
[JBP] Ahora, ahí él nos está mostrando lo que nos habló en el libro de Los Sellos también, donde nos habla de que [WMB] Él pasaría y resucitaría a todos los creyentes en Él, después del juicio que ocurrirá allí.
Ahora, sigue diciendo:
297 Yo estoy en el campo de batalla hoy, amigos. Yo ya no puedo decir más. Yo… [El hermano Branham llora. –Ed.] ([JBP] escribe otra vez ahí… el editor escribió eso). Dios les bendiga. Inclinemos nuestros rostros por un momento.
298 ¡Oh, Señor! Muchas veces, Señor, estoy seguro que la gente no entiende, cuando ellos piensan que estas cosas vienen fácilmente. Pero hay un gran día que viene, cuando Jesús vendrá y todos estos sufrimientos serán quitados. Yo ruego, Padre celestial, que Tú nos ayudes a estar preparados.
299 Y esa última promesa, cuando yo la besé a ella en la mejilla en esa mañana, que yo la encontraría allá en aquel día. Yo creo que ella estará parada junto a esa columna, gritando mi nombre. Señor, yo he vivido fiel a esa promesa desde entonces, alrededor del mundo, en toda clase de lugares, tratando de traer el Evangelio. Me estoy envejeciendo y cansando. Estoy agotado. Uno de estos días voy a cerrar esta Biblia por última vez. Dios, guárdame fiel a la promesa. Mantén Tu gracia alrededor de mí, Señor. No me permitas ver las cosas de esta vida, sino vivir por las cosas que están más allá. Ayúdame a ser honesto. Yo no te pido un lecho de rosas, no, Señor, cuando mi Cristo murió allá sufriendo. Y todo el resto de ellos muriendo murieron de esa manera. Yo no pido una cosa fácil. Solamente permíteme ser honesto, Señor, verdadero. Permite que la gente me ame, para que yo pueda guiarlos a Ti.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, recuerden que esto es la Voz de Dios por medio del reverendo William Branham, en quien estaba el ministerio de Elías en su cuarta manifestación. Y así lo habló en Los Sellos, en la página 479, cuando él dijo, orando también allí: “Oh, Dios…”:
[188]. Luego, cuando me llegue el tiempo de descanso, cuando llegue allá al río y me lleguen las olas, oh Dios, concede que pueda entregar esta Espada a otro que sea honrado y que lleve la verdad.
[JBP] Y escribe: [WSS] «La Palabra a Moisés y Elías, el Ángel de Jesús».
[JBP] O sea, ese ministerio que luego vendría después de él; el cual es el ministerio que estaría en este tiempo final, y cumpliría así la promesa de darle la Fe de Rapto a los escogidos y la resurrección; y luego, al verlos, la transformación de nuestros cuerpos.
Y dirán: “Pero ¿y dentro de ese espacio del precursor y el precursado, hubo un ministerio allí?”. Por supuesto, el mismo ministerio que hubo cuando estuvo Juan el Bautista y Jesús de Nazaret; allí estuvo un ministerio de ese Ángel el cual le apareció a la virgen María: el Arcángel Gabriel.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, él sigue diciendo [“LA HISTORIA DE MI VIDA”]:
[299] Permite que la gente me ame, para que yo pueda guiarlos a Ti. Y algún día cuando todo termine y nos juntemos, bajo los árboles siempre verdes, yo quiero tomarla a ella de la mano y subir con ella, para mostrarla al pueblo del Templo Angelus, y a todos los demás. Va a ser un gran momento en ese entonces.
[JBP] Ahí escribe: [WSS] «Con Hope».
Y dibuja una Estrella de David a la izquierda.
[Dr. José B. Pérez] Ahora, tenemos esa promesa, la cual en este tiempo final, conforme a Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante, donde nos dijo el apóstol Pablo:
1 Tesalonicenses 4:13
13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.
18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
[JBP] Que estas sean palabras de consuelo para todos los familiares, todos los hijos de nuestra hermana Herminia Alvarado Arroyo, conocida como Minita.
A todos los presentes: reitero mis condolencias y la esperanza de que pronto la vamos a ver, junto con Elmer, su esposo, que partió también y está allá con ella, y todos los que vengan de la sexta dimensión en la resurrección, lo cual ocurrirá en este tiempo final.
Que Dios les bendiga y les guarde, y la paz reine en vuestros corazones; y nos ayude el Señor a estar siempre preparados; y que todo esto que hemos leído nos sirva de ayuda a todos.
Quizás alguno está pasando por algún momento difícil: miren la vida del hermano Branham, miren la vida de muchos profetas y justos en la historia de la Biblia, y vean allí las soluciones.
Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde de paz y de tranquilidad y esperanza: de que a nuestra hermana Herminia, Minita, la vamos a volver a ver.
Que Dios les bendiga y les guarde a todos.
“DIOS PROTEGIENDO EL MINISTERIO EN EL VELO DE CARNE”.